Flaubert y su tiempo

La vida y la obra de Flaubert llenan una buena parte del siglo XIX, de 1821 a 1880. Una visión panorámica del XIX francés nos muestra, ante todo, su complejidad. El profundo cambio social provocado por la Revolución Francesa trastorna por completo la vida política, imprimiéndole un ritmo de lucha que tiene su correspondencia en el campo de las ideas y su reflejo en los movimientos literarios. No hay, por el contrario, ruptura entre el siglo XVIII y el XIX en cuanto al desarrollo de las ciencias, que se hace general. El esfuerzo metódico emprendido por los enciclopedistas, haciendo clasificaciones, definiciones, recapitulaciones de conocimientos dispersos da sus resultados. Se constituye un cuerpo de profesionales competentes, sabios, investigadores y profesores. Se perfeccionan notablemente los instrumentos de trabajo: bibliotecas, laboratorios, colecciones de todas clases. La implantación del sistema métrico decimal facilita los avances de la física y de la química modernas. La aportación francesa al desarrollo de estas ciencias cuenta con nombres tan universales como Ampere y Gay-Lussac. El siglo XIX es el de Cuvier y el de Pasteur, que hicieron progresar las ciencias naturales, la medicina y la farmacia, transformando profundamente las condiciones de la vida humana. Pero sobre todo hay que destacar la renovación de la biología, impulsada por Claude Bernard, que explica el papel del determinismo en fisiología con estas palabras: Hay que creer en la ciencia, es decir, en el determinismo, en la relación absoluta y necesaria de las cosas, tanto en los fenómenos propios de los seres vivos como en todos los demás. Y subrayamos estas palabras del autor de la Introducción a la Medicina Experimental por la influencia que debieron de ejercer en Flaubert, nieto, hijo y hermano de médico, en la concepción y desarrollo de Madame Bovary. En efecto, la heroína de la novela tiene unas reacciones que parecen obedecer a aquellos principios, como si fuesen la deducción lógica de unos condicionamientos previos. Este espectacular desarrollo científico y sus inmediatas aplicaciones técnicas, de inmediata repercusión social, originan una reflexión filosófica sobre el nuevo rumbo de la ciencia. Augusto Comte ejerce una influencia preponderante sobre la orientación de la filosofía, la crítica literaria, la historia y la literatura en la segunda mitad de siglo con su obra Curso de Filosofía Positiva, en la que destaca la importancia que la ciencia desinteresada debe tener en la sociedad moderna, como esperanza de un humanismo científico no exento de grandeza. El progreso científico y material hace que se generalice un sentimiento de optimismo en todas las capas de la sociedad. Este entusiasmo y esta fe en la ciencia positiva contagian al propio Flaubert, quien en una de sus cartas dice que quiere escribir en un estilo científico, definitivo, que pueda imitarse al cabo de siglos. Pero este discurrir pacífico de la vida cultural francesa, sin solución de continuidad entre el siglo XVI y el XIX, no se corresponde con la agitación política y los constantes cambios que tienen lugar en Francia desde la caída de Napoleón hasta fin de siglo: Restauración, Monarquía de Julio, Segunda República, Segundo Imperio y Tercera República. Ninguno de ellos, salvo el último, duró más de veinte años, lo cual permite calificar al siglo XIX como época de gran inestabilidad política. Gobiernos autoritarios alternan con gobiernos liberales, periodos de prosperidad económica suceden a otros menos brillantes, pero a lo largo de todo este tiempo no cesan de consolidarse las conquistas políticas y sociales. Las grandes transformaciones económicas, con periodos de prosperidad, se corresponden con la Monarquía de Julio, época en que se produce un gran desarrollo interior, y con el Segundo Imperio, momento de expansión exterior. De la prosperidad de la época de la Monarquía nos quedan testimonios en Madame Bovary, II, VIII, en el discurso pronunciado por el representante del gobierno en la ceremonia de apertura de los Comicios. Pero este desarrollo económico, insospechado en épocas anteriores, tiene su contrapartida en la aparición de tensiones sociales, derivadas del crecimiento del proletariado y de su participación creciente en la vida política. Nace un nuevo concepto de civilización, la llamada civilización industrial, que provoca el rechazo de Teophile Gautier, quien afirma que «lo útil y lo bello son incompatibles». Por su parte, Flaubert, en carta a George Sand, expresa su preocupación por la democratización de la cultura, pues cree ver en ello el peligro de que el escritor abdique de su auténtica vocación para convertirse en un asalariado de la industria. Muchos escritores del XIX no se contentaron con escribir sobre los acontecimientos que vieron, sino que se comprometieron en la lucha política. Chateaubriand fue ministro durante la Restauración; Lamartine y Victor Hugo, diputados en el Parlamento, en la Monarquía de Julio, y Zola tomó partido por Dreyfus con un vibrante artículo que le valió ser excluido de la Legión de Honor y el exilio en Inglaterra. No era este ciertamente el talante de Flaubert, que se mantuvo al margen de los problemas de la sociedad de su tiempo, por principio y por odio a lo burgués, para él, sinónimo de vulgar. Acudió a París con su amigo Bouilhet a presenciar como simple espectador el motín que precedió a la instauración de la Segunda República en 1848. Para él, observador minucioso de detalles, era una magnífica ocasión de documentarse sobre un hecho real. Su viaje tenía exclusivamente motivaciones estéticas.

Vida y obra de Flaubert

Para comprender a Flaubert hay que conocer los lazos que mantuvo con su familia, con la que siempre estuvo muy unido. Rindió verdadero culto a sus padres, con quienes vivió, y al final de su vida sacrificó su fortuna personal en beneficio de su sobrina Caroline, que se encontraba en apuros económicos. Y en su familia se refugia en sus momentos difíciles, como en el del proceso de Madame Bovary. Por línea materna desciende de una familia de la burguesía normanda. Su abuela, Camille Cambremer de Croixmare, se casó en 1792 con Jean-Baptiste Fleuriot, médico de Pont-l’Evêque. De este matrimonio nació en 1793 una niña, Caroline. Huérfana a los pocos años, se educó primeramente en un colegio de Honfleur y luego en casa del doctor Laumonier, médico del hospital de Rouen. Allí conoció a un joven médico oriundo de Nogent-sur-Seine, en Champaña, y establecido en Rouen, con quien se casó en 1810. Por parte de su padre desciende de una familia de Champaña, en la que desde hacía al menos un siglo se venía heredando la profesión de veterinario. El abuelo de Gustave, Nicolás Flaubert, que había estado a punto de ser guillotinado por monárquico durante la Revolución, murió en 1814 a consecuencia de los malos tratos recibidos de los prusianos. Su último hijo, que entonces tenía treinta años, fue el primero de la familia que hizo brillantes estudios de medicina en París, donde fue alumno interno del doctor Dupuytren. Este le propuso para el puesto de ayudante de anatomía del hospital de Rouen, del que llegó a ser médico jefe. Gustave Flaubert es normando por su ascendencia materna, los Fleuriot-Cambremer, pero también por su aspecto físico. El retrato que de él nos dejó su amigo Máxime du Camp da la imagen del joven Flaubert a los veintiún años como la personificación de la belleza del héroe: de piel blanca, mejillas rosadas, larga y fina cabellera, elevada estatura y ancha espalda, espesa barba de un rubio dorado, enormes ojos color verde mar enmarcados por cejas negras, voz sonora como una trompeta, extremado en sus gestos y de una risa contagiosa. Se parecía a los jóvenes jefes galos que lucharon contra los ejércitos romanos: era impetuoso, impaciente, autoritario, pero encantador, pues su aparente violencia no era más que la expresión natural de la fuerza de que le había dotado la naturaleza. Gustave era un gigante. Además de sus orígenes inmediatos en Champaña y Normandía, se sentía muy orgulloso de que por sus venas corriera sangre iroquesa por parte de uno de sus antepasados, que había vivido en el Canadá, y su fantasía le llevaba a imaginarse descendiente de los aventureros normandos que conquistaron Sicilia. Pero Flaubert será toda su vida un provinciano, arraigado en su Normandía natal, sin dejarse ganar por la superficialidad de París, que conoce bien y en donde gustaba de pasar temporadas más o menos prolongadas. El matrimonio Flaubert-Fleuriot tuvo seis hijos, de los cuales sobrevivieron tres: Achille, nacido en 1813, que sucedió a su padre como médico en el hospital de Rouen; Gustave, que nació en 1821; y Caroline, en 1824. Flaubert nació y pasó su niñez en un hospital, y esta circunstancia dejó profunda huella en su vida y en su obra. El escritor nos cuenta cómo él mismo y su hermana se encaramaban al emparrado para ver los cadáveres expuestos: El sol les daba de plano, las mismas moscas que revoloteaban sobre nosotros iban a abatirse allí, volvían, zumbaban[1]. Esta presencia física del cadáver, que alucinaría a poetas como Baudelaire, entraría en la novela, en su visión médica y científica, con Flaubert y con él pasaría a incorporarse a la literatura. En todo caso, esta circunstancia contribuyó a desarrollar las grandes dotes de observación del pequeño Flaubert y esa capacidad de disección en vivo de que nos habla en la Correspondance. Con motivo de la asistencia al entierro de la mujer de un amigo médico, discípulo del doctor Flaubert, escribe: Sé que será muy triste, pero… espero encontrar material para mi Bovary y hacer llorar a los demás con las lágrimas de uno solo, pasadas por la química del estilo[2]. Hay en Flaubert un espíritu de observación científica que ningún novelista ha alcanzado, y que procede, en gran parte, del ambiente familiar en que se desenvolvió su niñez. Aprendió las primeras letras en casa. Su madre fue su primera maestra, como lo había sido del hermano mayor, Achille, y lo sería de la pequeña, Caroline. Tanto Achille como su hermana aprendieron rápidamente a leer, según testimonio de sus biógrafos, recogido por Sartre en su estudio El Idiota de la Familia en el que se nos presenta al pequeño Gustave con dificultades para captar las asociaciones de letras para formar sílabas y la de éstas para hacer palabras. De todos modos, no más tarde de los siete u ocho años Gustave supo leer, recuperando inmediatamente el tiempo perdido. No se podría comprender de otro modo la carta que a los nueve años envió a su amigo Ernest Chevalier, en la que da muestras no sólo de saber utilizar los signos gráficos, sino de una maestría en el dominio de la expresión que anuncian al futuro hombre de letras: Te propongo que nos asociemos, tú me enviarás tus novelas y yo te enviaré mis comedias[3]. Días después, en otra carta, le dice: Te había dicho que escribiría obras de teatro; pues no, escribiré novelas que tengo en la cabeza: La Bella Andaluza, El baile de Máscaras, Gardenia, Dorotea, La Mora, El curioso Impertinente, el Marido Prudente[4]. Títulos entre los cuales observamos la influencia del Quijote, que Flaubert conocía antes de saber leer, porque se lo leía el tío Mignot, y que fue una de las grandes pasiones de toda su vida. Las experiencias de las novatadas del colegio, en el que ingresa a los ocho años, se funden con las del hospital. La primera página de Madame Bovary es un relato autobiográfico de la primera jornada escolar del pequeño Gustave, quien ya desde niño se siente en actitud de rebeldía frente a la sociedad y busca su liberación en la literatura, en el arte, en el pasado. Sólo le interesa la historia, en la que siempre fue el primero y en la que tuvo un buen profesor. La precoz vocación literaria de Flaubert contó siempre con el apoyo decidido de su hermana Caroline, tres años más joven que él, y que tenía las mismas aficiones. Con su ayuda y con la de su amigo Ernest Chevalier, en cuya finca de Andelys pasaban felices vacaciones, montó el pequeño «Teatro del Billar». El tío de Ernest, el ya mencionado señor Mignot, con las lecturas del Quijote, influiría decisivamente en el estilo de Flaubert, para quien la frase literaria no sería válida hasta que superara la prueba de la recitación. En la correspondencia de Flaubert con Louise Colet durante la elaboración de Madame Bovary se observa la preocupación constante del novelista por la musicalidad de la frase. A los trece años funda en el colegio el periódico manuscrito Art et Progrès, cuyo título prefigura lo que serán las grandes líneas del futuro escritor. Es el año en que entra en el colegio Louis Bouilhet, cuyos consejos le serán tan provechosos a lo largo de toda su vida. Junto con Guy de Maupassant constituirán el equipo de Rouen que sostiene, anima y sucede a Flaubert. Los últimos años de colegio, que conocemos por la correspondencia con Chevalier, nos ofrecen la imagen de un joven como los de su época, apasionado lector de Musset, aquejado del «mal del siglo», ese estado de desasosiego, de tristeza y de hastío manifestado por la juventud romántica y que se encuentra encarnado en René, el personaje creado por Chateaubriand. El joven Flaubert se entusiasma por Chateaubriand y por Michelet, por la Edad Media y por la Roma imperial, lee la Confesión de un hijo del siglo, de Musset, y Abasvérus, especie de Fausto, de Edgard Quinet. Todas estas lecturas se reflejan en sus obras de juventud y serán el germen de La tentación de San Antonio, La educación sentimental y Bouvard y Pécuchet. El ambiente literario de la época estaba dominado por la influencia de Byron, con quien Flaubert se declara identificado: Verdaderamente —dice—, no estimo más que a dos escritores, a Rabelais y a Byron, los dos únicos que escriben para molestar a los hombres y reírseles en su cara[5]. Bajo esta influencia escribió tres obritas de idéntica inspiración, una de las cuales, Pasión y Virtud, es la novela de una mujer apasionada, abandonada por un hombre vulgar, que termina envenenándose (prefiguración de Madame Bovary). En todas estas obras de juventud late un fondo de desesperación, que adopta la forma de los clubs románticos de la época. La difusión de estos escritos no pasaba del círculo de amistades de Flaubert. El primero que se publicó apareció en un periódico de Rouen y se titulaba Una lección de historia natural en el que aparecen los esbozos de Homais, el farmacéutico de Madame Bovary, y de Bouvard, de la novela Bouvard y Pécuchet. Además de la influencia familiar, fue muy importante la que sobre Flaubert ejercieron sus amigos. Entre esos amigos de juventud y colaboradores, en la etapa que va de los dieciséis a los veintiséis años, hay que destacar a Chevalier y a Le Poittevin; el primero es la personificación de la alegría, y el segundo, la de la tristeza. A este último dedica Flaubert una serie de novelas autobiográficas, en las que se nos muestra sumido en un abismo de desesperación. Sin embargo, podemos pensar que ésta es más bien una actitud literaria, pues en una carta a Chevalier, Flaubert le aconseja gozar de la vida y dejar la tristeza para el arte. En 1838, todavía en su etapa de colegio, escribe Memorias de un loco, que puede considerarse como la autobiografía de Flaubert, y que consta de dos partes: en la primera cuenta, al modo de las Confesiones de Rousseau, su infancia reprimida en el colegio, blanco de todas las burlas y soñando con viajes; la segunda es la historia de sus amores: Gertrude Collier, la inglesita amiga de su hermana, y Elise Schlésinger, trece años mayor que él, a la que conoció en los baños de Trouville y que le inspiró una gran pasión; y por último, los amores fáciles, que le desilusionaron. En 1839, su último año de colegio, escribe Smarch, que relata la tentación de un ermitaño por el demonio y que viene a ser un primer ensayo de La tentación de San Antonio. En agosto de 1840 Flaubert obtuvo su título de Bachiller, y como premio hizo un viaje a Los Pirineos y a Córcega, acompañado por el doctor Cloquet, la hermana del doctor y un eclesiástico. En el hotel de Marsella donde se alojaron conoció a Eulalie Foucault, a cuyas insinuaciones amorosas correspondió Flaubert y que luego aparecerá en su Noviembre. La familia Flaubert, cuyo hijo mayor había terminado ya los estudios de Medicina, decidió que Gustave siguiera los de Derecho en París, como sus amigos Chevalier y Le Poittevin. Sin el menor entusiasmo se inscribió en la Facultad, aunque pasó un año en Rouen, dedicado exclusivamente al estudio del griego y del inglés. Al año siguiente sigue las clases de Derecho sin comprender absolutamente nada. Reencuentra a sus amigos Chevalier y Le Poittevin y se introduce en los círculos literarios. En casa del escultor Pradier, casado con una hermana de un compañero de colegio de Gustave, conoce a Victor Hugo, y allí conocerá en 1846 a Louise Colet, que será su musa y su amante y cuya correspondencia nos ilustra con detalle sobre el proceso de creación de Madame Bovary. En 1842 escribe Noviembre, la primera de sus obras que tiene ya un verdadero estilo y que significa el brillante comienzo de la carrera literaria del joven escritor de veintiún años. Los estudios de Derecho le producen accesos de cólera. En 1844 se le declaran los primeros síntomas de una enfermedad nerviosa que arrastrará toda su vida, y que algunos diagnosticaron como epilepsia, y su padre resuelve hacerle abandonar los estudios y tenerlo a su lado para cuidarlo. Compra la hermosa finca de Croisset, que había pertenecido a una comunidad religiosa y allí pasan al principio sus vacaciones, llegando a convertirse en residencia definitiva de Gustave hasta su muerte. En 1845, su hermana Caroline se casa con Emile Hamard, compañero de estudios de Flaubert. Los recién casados hacen un viaje familiar, acompañados por los padres de Caroline y su hermano Gustave. La contemplación en Génova del cuadro de Brueghel La tentación de San Antonio le hace concebir la idea de adaptar para el teatro la novela del mismo título. Al regreso de su viaje, del que vuelve cansado, Flaubert se recluye en Croisset como un ermitaño para consagrarse de lleno a la creación literaria. El año de 1846 es clave en su vida. Muere su padre y dos meses después su hermana Caroline, de resultas del parto de su hija, la sobrina Caroline. Achille sucede a su padre en el hospital, donde se instala con su familia, y Gustave, su madre y la pequeña Caroline van a vivir a Croisset, aunque pasan temporadas en Rouen. Además de las irreparables pérdidas de su padre y de su hermana, Flaubert tiene que resignarse a prescindir del apoyo de sus amigos, Chevalier, que sigue la carrera judicial, y Le Poittevin, que se casa. Él y su hermana se casan con Louise y Gustave de Maupassant. Estos últimos serán los padres del escritor Guy de Maupassant, con quien mantendrá una estrecha relación. Esto representa una gran ruptura para Flaubert, según escribiría a Madame Maupassant. Louis Bouilhet, un antiguo compañero de colegio, viene a llenar este vacío. Su amistad le acompañará toda su vida y será de influencia decisiva en la obra de Flaubert. En esta época se inició su amistad con una mujer de letras, Louise Colet, que luego fue su musa y su amante, y con quien mantuvo una correspondencia intensa, clave para el conocimiento no sólo de Madame Bovary, sino del concepto del arte que tiene su autor, y de su teoría del estilo. Louise era una mujer hermosa, aunque sus finos rasgos contrastaban con sus maneras un tanto hombrunas, pero lo que más apreciaba en ella Flaubert era su talento literario. Estaba bien relacionada en los medios literarios, era cortejada por ilustres personajes, disfrutaba de una pensión del rey y estaba en el esplendor de su belleza. Tenía once años más que Flaubert, como Elisa Schlésinger, su gran amor de adolescente. Por debajo de la espléndida presencia física se escondía en el gigante normando un hombre débil, necesitado de protección y de mimos maternales. Sus relaciones con Louise duraron unos ocho años, con el intervalo del viaje a Oriente, durante el cual Flaubert no le escribió una sola carta. En 1885 se produjo la ruptura definitiva después de escenas violentas en el mismo Croisset. Desde entonces la vida sentimental de Flaubert se vuelve más templada y distante. Tuvo alguna relación con la princesa Matilde, que entonces tenía veinte años, dieciséis menos que él, y con dos hermanas y una amiga de ambas, de Rouen, que le distrajeron en su retiro de Croisset. Allí recibió visitas de Elisa Schlésinger, la última en 1871, después de la muerte de su marido. El verdadero amor de su vida parece haber sido Louise Colet, que pudo, al menos en parte, servirle de modelo para su Madame Bovary. En todo caso, su relación con ella fue más bien literaria y a distancia, y si duró tantos años fue porque se alimentaba casi exclusivamente de correspondencia. Si hemos de creer a Zola, las mujeres trataban a Flaubert como a un camarada. En la vida de Flaubert la mujer sólo tiene un papel sensual y literario, rasgo común a los escritores que se abren a la vida literaria y para quienes el amor deja de ser la llama divina que había sido para los románticos. En busca de consuelo a sus desgracias familiares y deseando tal vez olvidar sus problemas sentimentales, Flaubert se refugió en Croisset, donde pasó unos años en la elaboración de La tentación de San Antonio, que él consideraba la gran obra de su vida. Las relaciones con sus amigos Le Poittevin, Bouilhet y Máxime du Camp influyeron grandemente en el novelista con sus consejos y sus críticas. Du Camp se instaló en Croisset en parte para acompañar a Flaubert en su luto, y ambos hicieron juntos un viaje por Bretaña, a cuyo regreso redactaron sus impresiones, escribiendo Flaubert los capítulos impares y Du Camp los pares. Esta colaboración literaria significa un paso importante en la vida literaria de Flaubert y señala el comienzo de un estilo trabajado que va a caracterizar toda su obra. Terminada La tentación de San Antonio, Flaubert convocó a sus amigos Du Camp y Bouilhet a Croisset para leérsela. La lectura duró treinta y dos horas y el veredicto fue decepcionante: la obra era un fracaso. Flaubert lo reconoció posteriormente en carta a Louise Colet: «Hablas de perlas; pero las perlas no hacen el collar, es el hilo»[6]. Bouilhet le aconsejó a Flaubert que debía disciplinarse, eliminando la verbosidad vacía que él mismo censuraba constantemente en sus cartas. Y le sugirió un tema de página de sucesos: la historia real y reciente de Delamare, médico rural, ex discípulo del doctor Flaubert, que, engañado por su mujer, había acabado por suicidarse. Es en esta época cuando se concreta el viaje a Oriente en compañía de Du Camp, que ya había viajado a Turquía. El hermano médico de Gustave lo aconseja por razones de salud, y Madame Flaubert consiente por la compañía de Du Camp. Embarcaron en Marsella el día 4 de noviembre de 1849, visitaron Egipto, Palestina, Siria, Grecia e Italia y estuvieron de regreso en Croisset en junio de 1851, después de quince meses de viaje. Du Camp desempeñó con plena responsabilidad la tutela de su compañero, a la que se había comprometido ante Madame Flaubert, lo cual no fue siempre tarea fácil. Durante los primeros meses Flaubert no logró reponerse de la decepción que le había producido el juicio de sus amigos sobre La tentación de San Antonio, pero poco a poco la idea de Madame Bovary fue madurando, quizás un poco como fruto de las jornadas de tedio de Gustave. De todos modos, el contraste con Oriente, la vida al aire libre favorecieron la eclosión de una serie de ideas y de imágenes plásticas sobre las que se asentará Madame Bovary. El viaje no consiguió distraer a Flaubert, sino, al contrario, concentrarlo más en sí mismo. Había ido con intención de encontrar paisajes y colores y regresó enriquecido de observaciones psicológicas insospechadas. El auténtico fruto de su viaje a Oriente fue el descubrimiento de sí mismo. Acabará cansándose de su compañero de viaje y echando de menos a Bouilhet, a quien escribe: Tenemos todo lo necesario, una paleta rica, recursos variados… Nos hacemos sabios, arqueólogos, historiadores, médicos, remendones y gentes de gusto. ¿De qué sirve todo esto?… ¿Pero el corazón, la inspiración, la savia; el punto de partida y la meta?[7]. Su recuerdo de viaje más vivo es el de una noche pasada con una cortesana árabe en Egipto. Jerusalén sólo le inspira bromas de mal gusto. Deja con pena Constantinopla, y en Grecia se satura de clasicismo. La contemplación de la Acrópolis, que le entusiasma, le hace aborrecer a Racine y a otros clásicos, que le habían dado una imagen fría y desnuda de Grecia. Sus impresiones del viaje a Oriente se irán decantando en su retiro de Normandía y reaparecerán en Salammbô. Este puede ser el balance del viaje para Flaubert, además de la decepción del erotismo, que también experimentó Du Camp. Ambos amigos dejan de verse al tiempo que Flaubert reanuda su relación epistolar y sus visitas a Louise Colet. Du Camp, más positivo, sacó provecho inmediato a su viaje, que era una especie de misión oficial. La presentación de una vaga memoria le valió el nombramiento de Oficial de la Legión de Honor, distinción que despertó los celos de Flaubert. Ambos amigos se reconciliarán al cabo de cuatro años, pero cada cual seguirá su propio camino. Por el contrario, la relación con Bouilhet, que era la verdadera conciencia crítica de Flaubert, sobre todo durante la redacción de Madame Bovary, fue siempre cordial mientras vivió en Rouen. El viaje a Oriente hace sentir a Flaubert la necesidad del retiro laborioso. En septiembre de 1851 se instala en Croisset y comienza la elaboración de Madame Bovary, en la que invertirá cuatro años y medio, en una lucha tenaz entre su temperamento lírico y su voluntad. Su obra, a la que se entrega con la pasión del místico, será el resultado de un trabajo tenso y de una reflexión constante sobre la creación artística. Al tiempo que escribe, estudia a los grandes maestros de épocas y aun de estilos diversos, con el fin de contrastar las diferentes concepciones del arte. Sus lecturas, amplias y variadas, van de Montesquieu a Voltaire, de Rousseau a Chateaubriand, de Montaigne a Rabelais. Boileau le atrae por su capacidad de ennoblecer los temas más insignificantes y, sobre todo, su Arte Poética, que no es más que una reflexión sobre la forma literaria. Quisiera hacer una obra sin ninguna atadura exterior, que se sostenga por sí misma por la fuerza del estilo, como la tierra, que sin estar apoyada, se sostiene en el aire. Las obras más bellas son aquellas en las que hay menos materia[8]. Don Quijote, al que llama el «libro de los libros», es otra de sus asiduas lecturas en esta época; en él encuentra siempre provechosas enseñanzas: Lo que hay de prodigioso en Don Quijote es la ausencia de arte y esa perpetua fusión de la ilusión con la realidad que hace de él un libro tan cómico y poético a la vez[9]. Ausencia de arte —la difícil facilidad horaciana—, que sólo se transparenta en las obras maestras, y fusión de lo cómico y lo poético, cuya expresión literaria buscaba Flaubert desde niño, son las notas distintivas de Madame Bovary. Emma y Homais fueron comparados con Don Quijote y Sancho como personificaciones de lo grotesco o del ridículo que hace pensar y soñar. Lo grotesco triste —escribe Flaubert— tiene para mí un encanto inaudito; corresponde a las necesidades íntimas de mi naturaleza bufonamente amarga[10]. Cuando a Flaubert se le preguntaba a quién representaban los personajes de su novela solía responder: «Madame Bovary soy yo», lo cual nos dice hasta qué punto se identificaba con sus criaturas literarias, a las que hacía revivir en su mente: Hoy, por ejemplo, hombre y mujer, amante y amiga a la vez, me he paseado por el bosque, en una tarde de otoño, bajo hojas amarillas, y yo era al mismo tiempo los caballos, las hojas, el viento, las palabras y el sol rojo que le hacía entornar los párpados inundados de amor[11]. En el proceso creador de Madame Bovary hay, como afirma Thibaudet, una triple transposición, la de un pasado vivido a un presente que vive, la de una sensibilidad de artista a una sensibilidad burguesa, la de un hombre a una mujer, que es lo que mantiene el equilibrio entre la impersonalidad que Flaubert pretende para su novela y lo profundamente personal. Este es, según los críticos, el secreto de la asombrosa vida de este libro: fue vivido primero en la realidad y luego revivido en el sueño por la creación artística, esa especie de alucinación necesaria al nacimiento de las obras maestras. Este es el juicio de Sainte-Beuve, quien cree reconocer en Madame Bovary nuevos signos literarios: ciencia, espíritu de observación, madurez, fuerza, un poco de dureza en los caracteres, características todas ellas de los que encabezan nuevas generaciones de escritores. Gustave Flaubert, hijo y hermano de médico, maneja la pluma como otros el escalpelo, y el anatomista y el fisiólogo aparecen por todas partes en su novela. Para alcanzar el ideal artístico que se propuso para su novela, Flaubert se entregó a una paciente elaboración de estilo, que fue para él una verdadera obsesión. Quería escribir una prosa que rimase como el verso, evitando las metáforas sin secuencia lógica, los clichés, las repeticiones, todo lo cual explica el lento proceso de elaboración de Madame Bovary, que puede seguirse leyendo la correspondencia de su autor, a lo largo de estos años, y hojeando los 1788 folios, sin contar los 42 de los borradores y los 490 del manuscrito definitivo de la novela, que se conservan en la Biblioteca Municipal de Rouen. En 1856, Flaubert terminó Madame Bovary, que empezó a publicarse en la Revue de Paris, con numerosas correcciones y cortes. La novela triunfó, y al final del año todo el mundo hablaba de ella. A principios de 1857 se inició una campaña contra la Revue de Paris y Flaubert movió a las personalidades políticas de Rouen, a su hermano, visitó a Lamartine, para evitar el proceso por ofensa a la moral y a la religión. A pesar de lo cual, éste se celebró el 31 de enero. El abogado de la familia, Licenciado Senard, consiguió la absolución del novelista y el proceso sirvió de excelente lanzamiento publicitario de Madame Bovary y de consagración de su autor, con las críticas elogiosas de Sainte-Beuve y de Baudelaire, a la vez que le valió los elogios de mujeres, en particular Mademoiselle Leroyer de Chantepie, que mantendría una prolongada e interesante correspondencia con Flaubert. Este mismo año terminó la segunda Tentación de San Antonio y esboza Salammbô, en cuya elaboración invirtió cinco años. En este intervalo hizo un viaje a Túnez y pasó cuatro días en Cartago, a fin de documentarse in situ para su novela, y algunas temporadas en París, donde frecuentó los círculos literarios. Lee Las flores del mal de Baudelaire y La leyenda de los Siglos de Víctor Hugo. En 1862 se publica Salammbô, y la crítica de Sainte-Beuve, que le dedica tres artículos, es muy diferente a la de Madame Bovary. Su vida social se intensifica, frecuenta a la princesa Matilde y al príncipe Napoleón, a los escritores coetáneos, Sainte-Beuve, Théophile, Gautier, los Goncourt, Renán, Taine, y él mismo recibe los domingos en su casa. En 1864 se celebra la boda de su sobrina Carolina con Commanville, rico comerciante de maderas de Rouen, matrimonio que complace al tío Gustave. Empieza a trabajar en La educación sentimental en su segunda versión, que le exigirá unos seis años y en la que dice trabajar como treinta mil negros. No parece, sin embargo, que tuviese una dedicación tan intensa como para la redacción de Madame Bovary, pues además de la cena todos los miércoles con la princesa Matilde, en compañía de los Goncourt y de Gautier, acude a fiestas, pasa temporadas con los Commanville en Dieppe, donde encontró a Dumas, recibe en Croisset, donde le visitó George Sand y el novelista ruso Turguenev, por entonces instalado en Francia. Su amistad con la princesa Matilde le valió el ser nombrado, en 1866, Caballero de la Legión de Honor. En 1869 terminó La educación sentimental que leyó a la princesa, en cuatro sesiones de cuatro horas cada una, y el éxito fue extraordinario, pero su publicación, meses después, recibió las críticas más adversas de la prensa, y el editor no cubrió sus gastos. Fue este un año adverso para Flaubert, pues en julio murió su gran amigo Bouilhet y dos meses después, Sainte-Beuve, minutos antes de la visita que iba a hacerle Flaubert. Los años 1870 y 1871, durante la ocupación alemana en la guerra francoprusiana, tiene que alojar en Croisset a sus parientes, dieciséis personas, y es movilizado como teniente de la guardia nacional. Luego se aloja en casa de los Commanville, en Rouen, donde hay cuatro prusianos y tiene que llevar las cuentas y servir a la mesa todas las tardes. Desde entonces Croisset ya no será su paraíso. Su única distracción es pasear a su madre, enferma, que fallece en 1872, dejando Croisset a Madame Caroline Commanville. «Es el ser a quien más he amado», dice Flaubert. A la desgracia familiar se unen los problemas económicos y el fracaso del estreno de su obra Mademoiselle Aissé en el teatro Odeón de París, además de la muerte de Théophile Gautier, «el mejor de la pandilla», dirá Flaubert. Termina La tentación de San Antonio y esboza el plan de Bouvard y Pécuchet. La tentación se publica en abril de 1874 y obtiene un gran éxito de venta, a pesar de la hostilidad de la prensa parisina. La traducción al ruso por Turguenev es prohibida por el zar como atentatoria a la religión. Su salud empieza a resentirse, pero comienza a esbozar Bouvard y Pécuchet, y en estas condiciones continuará trabajando en él. Un revés económico de los Commanville le obliga a vender su finca de Deauville para salvar de un embargo la finca de Croisset. Con ellos se instala en París y allí frecuenta a Turguenev, Zola, Daudet y Goncourt. En 1876 fallece Louise Colet, cuya muerte fue muy sentida por Flaubert, y poco después George Sand, a cuyos funerales acude con el príncipe Napoleón y el escritor Alphonse Daudet. Este mismo año termina La leyenda de San Julián el Hospitalario y empieza Un corazón sencillo, que serán publicados al año siguiente, con gran éxito de crítica el primero, aunque no de venta. Víctor Hugo quiere que se presente candidato a la Academia como Balzac, pero Flaubert no muestra interés alguno. En 1878 conoce a Gambetta, que luego sería presidente de la República. Las gestiones y el apoyo oficial que le brinda el ministro de Instrucción Pública no consiguen hacer que se represente El castillo de los corazones, que Flaubert había escrito para el teatro. Entretanto, continúan sus problemas económicos, y aunque sus amigos le proponen para el cargo de conservador de la Biblioteca Mazarino, no logra ser nombrado. El 27 de enero resbala y se fractura el peroné y tiene que pasarse todo el invierno y toda la primavera sin poder salir de Croisset. En marzo, Jules Ferry le concede una pensión por una plaza ficticia de bibliotecario y, en los últimos diez años de su vida, tendrá mil francos de pensión del Ministerio, más tres mil de renta que ya le pasaba su hermano médico, quien había hecho fortuna. Vuelve a París en junio para gestionar la representación de su Castillo de corazones, sin resultado positivo. Sin embargo, consigue que se edite La educación sentimental que es de su propiedad desde el 10 de agosto. El invierno de 1880 fue muy riguroso, y Flaubert se encierra en Croisset donde lee Bola de sebo, del joven Maupassant, a la que considera una obra maestra de composición, de comicidad y de observación. El día de Pascua Flaubert invitó a cenar a Goncourt, Zola, Daudet, Charpentier con su médico, Fortin y Maupassant. La cena fue excelente y los invitados se excedieron en la bebida y pasaron la noche en Croisset. En abril recibe Las veladas de Médan de Zola, que juzga muy inferior a la obra de Maupassant. El 8 de mayo, en el momento en que iba a salir para París, Flaubert muere repentinamente de un ataque, hacia mediodía, a los cincuenta y ocho años y cuatro meses, dejando inacabada su novela Bouvard y Pécuchet. El 11 de mayo, en la iglesia parroquial de Croisset, se celebraron los funerales a los que asistieron su hermano, sus sobrinas y sobrinas nietas, Zola, Goncourt, Daudet, Banville, Maupassant, Huysmans, y seguidamente la conducción al cementerio, donde recibió sepultura en el panteón familiar de los Flaubert.

«Madame Bovary»: gestación y fuentes de inspiración

Para llegar a conocer una obra literaria penetrando el sentido que encierra hay que revivir su proceso de gestación. En el caso de Madame Bovary la mejor fuente de conocimiento de dicho proceso nos la proporciona la correspondencia con sus íntimos y sus familiares: Louis Bouilhet, Máxime du Camp, Louise Colet, amante de Flaubert, George Sand y la sobrina del novelista, Caroline. La lectura de dichas cartas nos muestra el esfuerzo del genio por lograr una obra perdurable, a la vez que nos da la clave para la interpretación de su novela, que significó una profunda renovación estética en la literatura. Los esbozos y borradores que se conservan en la Biblioteca Municipal de Rouen prueban que, ya desde el comienzo, Flaubert tenía muy claro el tema de su novela: Madame Bovary es la historia de una joven frustrada en su matrimonio y que tiene sueños de amor, de lujo y de vida parisina, busca la felicidad en los brazos de dos amantes, se endeuda y, cuando todo falla, se suicida. Este es en síntesis el tema de la novela. El autor centra todo su interés en el análisis, psicológico de la protagonista, Emma, que será el motor de la acción y se convertirá en un personaje inmortalizado por la posteridad. Pero esta es sólo una etapa en la concepción del libro. Las peripecias y el desarrollo de la acción, los personajes secundarios y el escenario en que se mueven, así como el trabajo del estilo, máxima preocupación de Flaubert, surgirán como resultado de una lenta y fatigosa labor del escritor, que tardó algo más de cuatro años y medio en la creación de su obra. ¿Cuáles fueron sus fuentes de inspiración? Flaubert sostuvo que Madame Bovary era pura invención literaria. Sin embargo, la tradición, confirmada por la crítica, prueba que la novela se inspiró en un hecho real, la muerte en 1848 de Delphine Delamare, segunda esposa, infiel, de un oficial de Sanidad establecido en el pueblecito de Ry, en Normandía. La historia de Delphine Delamare era un escándalo conocido por todo Rouen, y esta fuente oral tiene visos de verosimilitud. Eugène Delamare había estudiado Medicina en el hospital de Rouen con el padre de Flaubert. Obtenido el título de «oficial de Sanidad», inferior al de licenciado en Medicina y cirugía de hoy, se instaló en el pueblecito de Ry, a unos veinte kilómetros de Rouen. Allí se casó con una mujer mayor que él, de la que enviudó al año siguiente. Poco después se casó de nuevo con una joven de diecisiete años, Delphine Couturier, hija de labradores acomodados, de cuyo matrimonio nació una niña. Delphine murió en 1848, y Eugène al año siguiente. En toda la comarca de Ry Delphine había dado mucho que hablar por sus aires de grandeza, sus gastos suntuarios y sus correrías amorosas. Este personaje debió de ser el elegido por Flaubert como modelo para el de Emma. Delphine había tenido dos amantes, un rico terrateniente y un pasante de notario, que sirvieron al novelista de modelos respectivos para sus personajes de Rodolfo y León. De esta historia también tomó Flaubert los modelos para los personajes de Carlos y Eloísa, su primera mujer, y de su hijita Berta. Pero no es esta la única fuente de inspiración que proporcionó al escritor el esquema de su novela. Hay otra fuente documentada: Las Memorias de Madame Ludovica, personaje identificado con Louise d’Arcet, hermana de un compañero de estudios del novelista e hija de un químico amigo del doctor Flaubert. Viuda muy joven de su primer matrimonio, se casó con el escultor Pradier, tuvo locos amoríos y relaciones amorosas con el propio Gustave. Su vida de lujo le llevó a endeudarse, se vio acorralada por la justicia y en esa situación recurrió sin éxito a sus antiguos amantes. Desesperada, pensó en arrojarse al Sena, aunque no llega a suicidarse como Emma y sueña con un viaje a Italia, algo muy parecido a las fantasías de Emma Bovary. Las historias de Delphine y Ludovica tienen un elemento común, la derrota de la mujer que, insatisfecha de la realidad prosaica de la vida cotidiana, busca en la evasión compensaciones que la llevan primero al adulterio y luego al desastre. Ciertamente, Flaubert se sirvió de estos datos, pero los utilizó interpretándolos con su imaginación, su cultura y su personalidad. Los recuerdos de sus lecturas de adolescente, sobre todo de Balzac, le proporcionaron datos para algunos personajes y escenas, pero hay que subrayar que el tema del adulterio obsesionaba a Flaubert desde muy joven. Ya a los dieciséis años había escrito Pasión y virtud, el mejor de sus trabajos de juventud, inspirado en la historia folletinesca de una adúltera que acababa de suicidarse y en el cual se puede adivinar el borrador de Madame Bovary. Fue el juicio severísimo de sus amigos lo que hizo cambiar de rumbo a Flaubert, que abandona su natural tendencia al lirismo y se impone una rigurosa disciplina —palabra justa, impersonalidad, objetividad, composición rigurosa, control racional de la intuición— que le convertirá en un verdadero maestro de la novela. «Quiero que en mi libro no haya un solo movimiento ni una sola reflexión del autor»[12], escribe a Louise Colet. Y aquí tenemos la primera formulación de su teoría de la impersonalidad para su proyecto de Madame Bovary como actitud opuesta a la seguida en La tentación de San Antonio, en la que el autor había dado rienda suelta a su subjetividad, impidiendo a su personaje cobrar vida propia. Estas ideas fueron madurando en la mente del escritor durante el viaje que hizo a Oriente con su amigo Máxime. El fallecimiento de Eugène Delamare le decidió por el tema de Madame Bovary. Por el manuscrito conocemos la fecha del comienzo de la redacción, el 19 de septiembre de 1851, y la de su terminación, el 30 de abril de 1856, un largo proceso de gestación a lo largo del cual el escritor, partiendo de una pequeña idea, que va germinando y desarrollándose, se identifica y se apasiona por ella. Flaubert escribió su novela entre los treinta y los treinta y cinco años de edad.